Peregrinaciones de una paria
flclos, cuando por un golpe infernal, me veo J.rrojada, perdida, ¡perdida, Florita! . . . No regresaré jamás al Pe– rú... ¡ah! ¡gloria! ¡cuán caro cuestas! ¡Qué locura sacrificár la felicidad de la existencia y la vida integra para obte– nerte! No es sino un relámpago, . humo, una ,1ube. una decepción fantástica; no es nada . . . Y, sin embargo, Flo– rita, el día en que haya perdido toda esperanza de vivir envuelta por esa nube, por ese humo, ese día, ya no habrá sol para alumbrarme ni aire para mi pecho y moriré. La expresión sombría de doña Pancha estaba de acuerdo con el acento profético de est as últimas pala– bras; sus ojos se hundían en las órbitas como suspen– didos en un globo de lágrímas. Col)templaba el cielo azul y sereno encima de nuestras cabezas, y, entregada a su celeste visión, no parecía ser ya un ser de este mundo. Me incliné delante de esta alma superior, que había su– frido todos los tormentos reservados a los seres de su naturaleza a su paso por la tierra. Iba a continuar la conversación; pero se levantó bruscamente, en dos saltos estuvo aJ:lajo de la toldilla, llamó a su hermana y a dos señoras y las dijo: ·•vengan, me siento mal". Escudero se acercó a mí y me dijo: -Perdón, señorita, temo que doña Pancha sufra uno de sus ataques (1) y en esos momentos sólo yo puedo cuidarla. --Coronel, me voy; regresaré mañana. Vaya pronto ( 1) La sel'iora Gamarra sufria de epilepsia. Los ataques que le daban la ponlan en un estado espantoso; sus facciones se des-, componían, sus miembros se contraían, sus ojos quedaban desmesu.. radamente abiertos e inmóviles: sentía de antemano el momento que iba a caer, si se hallaba en algún lugar público, se retiraba. Cuan• do le sobrevenla el acceso, se le erizaban los cabellos: ponla ambas manos en cruz sobre su cerebro y lanzaban tres gritos. Escudero me ha dicho haber presenciado hasta nueve ataques en un dla. SI hubiera vivido en otros tiempos, hubiera podido, como Mohamet servirse de su erJenredad para sus proyectos de ambicivn v dar a sus palabras la autoridad de la revelación.
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