Peregrinaciones de una paria

314 FLO.RA TRISTAN El Barranco, oasis encantador del que ya he hablado, lhubiera sido conveniente para lugar de cita de los ba– ñistas. Está a corta distancia del mar, tiene hermosos árboles, verdura y agua (es la misma agua que viene a formar las filtraciones de Chorrillos); pero este último pueblo, situado en lo alto de una roca. negra y - árida está privado de todas las ventajas que ofrece el Barran– co. Nada más triste y más sucio que este hacinamiento de cabañas; ningún árbol, ningunl!, brizna de hierba vie– ne a recrear la vista y el agua corre en la parte baja de la roca. Las c·asas son de madera, muchas no están enladrilladas; hay algunas. de bambú, sin más aberturas qúe las puertas; todas muy incómodas y amobladas · con vejeces. Chorrillos carece de todo para la alimentacióu y su mercado no está suficientemente aprovisionado. To– do es caro y malo. No se puede salir sin hundirse hasta la mitad de la pierna en una arena negra; los zapatos, las medias y el ruedo del vestido se malogran después de semejante paseo. El viento del mar sopla esa arena negra sobre lc,s ojos y se siente uno cegado por la rever– beración del sol; en una palabra, es el lugar más de– testable que he encontrado en mi vida y, sin embargo, ese pueblo ha crecido de tal modo desde hace cinco años, que tenía ya 800 casas~ La vida de los bañistas en ese lugar de reunión, re– fleja de manera exacta las· costumbres limeñas. El far niente, el placer y la intriga componen toda su existen– cia. Las mujeres viven como los hombres; sus costumbres, y sus gustos son semejantes y se revelan con igual in– dependencia. Montan a caballo para pasearse por los alre– dedores; se bañan con los hombres; fuman desde la ma– ñana hasta la noche; juegan rabiosam~nte (mi tia Ma– nuela perdió diez mil pesos en una noche); dirigen cuatro o cinco intrigas amorosas, .políticas y demás; van a los festines, a los bailes rústicos que da todo el mundo y pasan una gran parte del día extendidas sobre una hamaca, rodeadas de cinco o seis •adoradores. Las fiestas de Chorrillos arruinan a las más ricas familias de Lima; los sacrificios que hacen para residir ~111 uno o dos me-

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