Peregrinaciones de una paria

PEREGRINACIONES DE UNA PARIA 313 zapadas en un .rincón. La una comia maíz crudo y !a otra, joven y hermosa, dirigió sobre rrii sus grandes ojos. Su mirada parecía decirme: "He dejado morir a mi hijo, porque sabia que él no sería libre como tú; he preferido :verlo muerto y no esclavo". La vista de esa mujer me hizo daño. Bajo esa piel negra, '.hay a veces almas grandes Y orgullosas; los negros -pasan bruscamente de la indepen– dencia de la naturaleza a la esclavitud y se encuentran entre ellos, algunos indomables que soportan los- tormentos y mueren sin doblegarse al yugo. Al dia siguiente fuimos a ver echar las redes; la ma– nera de pescar es horrorosa y me pareció tan difícil como peligrosa. Los pescadores entran muy adentro en el mar. presentan a la ola la boca de una inmensa red fija en torno a un gran círculo. El mar llega con furia, los cubre completamente y cuando se retira la ola, tiran de la red hacia la playa. Eran doce los que se ocupaban de esta pesca y sólo después de la cuarta tentativa cogieron nueve pescados. Al ver a hombres libres soportar tan penosas fatigas y correr tan inminentes peligros para ganar su pan, me pregunté si existe algún género de tra·bajo para el cual sea necesl:!,ria la esclavitud y si un páis en donde se encuentran hombres obligados a ejercer semejante ofi– cio para vivir, tenía necesidad de esclavos. Ya he dicho que no concebía la predilección de los limeños por Chorrillos; esa palabra quiere decir alcan– tarilla: Se ha llamado así a este pueblo por los hilos de agua que caen desde lo alto de las rocas que rodean la playa, los cuales forman en la parte baja una laguna de agua dulce. Es a ese pequeño lago a donde van a ba– ñarse; en ese sitio el mar es muy .tranquilo y jamás las olas llegan a ese lago. Esa vecindad del a-gua dulce ofrece una gran ventaja a los bañistas, quienes en su mayor '})arte van a enjuagarse alli, al salir del mar, para qui– tarse las partículas salinas, adheridas a la piel. El lugar es, por lo demás, muy incómodo para bafíarse; se podría hacer con poco gasto baños tan agradables como -los de Dieppe. Si Chorrillos sigue de moda, quizá lo pen– sarán un día los limeños

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