Peregrinaciones de una paria

PEREGRINACIONES DE UNA PARIA) _ 3¡1, · ses son incalculables. Esas extravagancias son más co– munes en Llma que en ninguna otra parte; el clima con– tribuye a ellas sin duda, pero la ausencia de bellas artes Y de toda instrucción para ocupar la viva· imaginación de que está dotado este pueblo, hace que se lance a todas las locuras, arrastrado por esta superabundancia de vida que lo desborda. Después de ha:ber permanecido una semana en Cho– rrillos, regresé a Lima con verdadero placer. Mi pequeño departamento amoblado a la francesa y mi comida fran– cesa me parecieron mejores que · nunca, y encontré mil veces más agradable la entretenida conversación de Mme. Denuelle. X LA EX-PRESlufilllTA DE LA REPUBLICA A pesar de todas las distraceiones que IJma me ofre– cla y la acogida amiStosa de mis nuevos amigos, deseaba. vivamente partir. Esta ciudad, por radiante que fuera a causa de la bondad de su clima y la alegria de su.s habi– tantes, era el último lugar- de la tierra en donde yo hu– biera consentido habitar. La sensualidad reina exclusi– vamente en ella. Todos esos seres tienen ojos, oldos Y. paladar pero no tienen alma que responda a la vista, a. los sonidos y al gusto. No he sentido jamás un vacio más completo, una aridez más agobiadora que durante los dos meses que permaneci en Llma_ La impaciencia que sentía por regresar a Europa, a la que apreciaba y amaba más, desde que la babia de– jado, me hizo vacilar un instante en ir a Valpara1so donde esperaba encontrar un navío listo a hacerse a la vela para Burdeos; pero abandoné muy pronto este pro– yecto con la casi certidumbre de encontrar a· Ch~brié en Chile. Soporté, pues, con resignación los gastos Y el disgusto de mi estada en Lima.

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