Peregrinaciones de una paria

812 FLORA TRISTAN pantalón o un mandil pequefio. M. Lavalle tiene la repu– tación de ser muy lujoso con sus negros. ' Los paises cálidos son ricos en frutas. La huerta de M. Lavalle las reune todas. La tierra les es favorable y todas crecen muy hermosas. El zapotillo por su elevación, parece querer poner fuera del alcance del hombre su vo– luminosa manzana verde obscuro, cuya pulpa jugosa reune los sabores más deliciosos; tan elevado como la encina, el mango luce sus frutos de forma oval, con carne hilachosa. y olor de trementina. No .cesaba de admirar el follaje de los grandes y hermosos naranjos con ramas de tan lindo verde, rendidas bajo el peso de millares de bolas cuyo co– lor alegraba la vista y el perfun:ie embalsamaba la atmós– fera. ¡Me creía transportada a un nuevo Edén! Glorie– tas con granadillas, ofrecían a las manos el sorbete de sus frutos; mientras que acá y allá, los platanares se doble– gaban -bajo el pesó de sus cabezas y desplegaban sus an– chas hojas quebradas. Una colección muy variada de flo– res de Europa embellecía ese vergel de los trópicos con re– cuerdos de la patria. En un lugar encantador por la fres– cura y los perfumes que se respiran, se encuentra un mi– rador, de donde la vista es magnifica. De un lado, se ve el mar que arrastra sobre la playa, sus olas espumosas y las rompe con estrépito sobre las rocas; del otro, se des– cubren vastos campos de cafía de azúcar, tan hermosos cuando están en flor; ramilletes de árboles aquí y acullá descansan la vista y varían el cuadro. Era tarde cuando nos retiramos. Al pasar por una es– pecie de granja en donde trabajaban algunos negros, so– nó el ángelus: todos dejaron su trabajo, cayeron de ro– dlllas y postraron su rostro contra la tierra. La fisonomía de esos esclavos es repugnante de bajeza y perfidia; su expresión es sombría, cruel y desgraciada, hasta en los ni– ños. Traté de entablar conversación con algunos; pero no pude obtener sino un sí o un no, pronunciados con seque- 0 .'.P o indiferencia. Entré a un calabozo en donde estaban encerradas dos neg1~s. Habían dado muerte a sus hijos privándolos de. tJ,ir, mto. Ambas, completamente desnudas, estaban aga-

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