Peregrinaciones de una paria
802 FLORA TRISTAN 1 al francés. Su erudición es sorpr~ndente con relación: á su edad: no tenía entonces sino veintinueve años. Na– cida en Buenos Aires, se babia casado con un inglés y tiacia cuatro años que había venido a establecerse a Li– ma, en donde su marido tenía una casa de comercio; enviudó poco tiempo después de su llegada y gozaba de una buena fortuna. No se puede ver sin pesar que una mujer semejante se establezca en un pais en donde tan ¡pocas personas son capaces de apreciarla _¡Ojalá pudiera. despertar entre• algunos el gusto por las letras y hacer que aparezcan luces en esa espesa oscuridad! La Provi– dencia, al inspirarle la voluntad de habitar el Pe¡ú, pa– rece haberla destinado a esta misión. . Cuando llegué a Lima, no vi a la señora Riglos; aca– baba de perder a su abuela y me envió a su marido. Fui a pagarle la visita sin encontrarla. No vino a verme y pensé que seria indiscreto de mi parte regresar. Me dije– ron que no se '.había atrevido a presentarse a mi hotel por temor a la maldad de Mme Denuelle. Esta, es ver– dad, se burlaba de ella despiadadamente. Esta señora tie– ,ie la modesta pretensión de creerse a la misma altura de Mme.. de Stael; ha escrito obras notables, según dice ella, pero que nadie ha visto, de modo que es preciso creer en sus palabras. En las luchas de los partidos di– rige odas a los vencedores; compone piezas poéticas so– bre el sol, la luna, el mar y otros sujetos no menos gran– diosos. La señora •Riglos era entonces una mujer de cuarenta años; flaca, pálida y coja;· no usa j~más saya y su vestido se distingue por su extravagancia; $!empre tiene grandes sombreros con plumas blancas, trajes ama– rlllos .con chales rojos y el resto de su indumentaria, por el estilo. Profesa por su pais un profundo desprecio. La señora Riglos proyecta venir á establecerse a Francia. Repite sin cesar que una mujer de su m~rlto no podría :Vivir en otra parte, sino en París. Por todo lo que me han referido de esta señora, creo que si tuviera menos pretensión y tratara de producir menos efecto, no se pondría en duda su talento como poetisa; pero "el espíri– tu que quiere adoptar, perjudica al que hay en ella",
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