Peregrinaciones de una paria
PEREGRINACIONES DE UNA PARIA ~1:1.1 ,naftana, con su ·marido, con un p equeño peinador a la !francesa, con los cabellos levantados, absolutamente como nuestras señoras de Paris; si tiene deseo de salir se pone su saya sin corset (la faja interior que oprime la say~ es sµficiente, deja caer sus cabellos, se tapa (1), es decir, esconde la cara •con el manto y va donde quiere. Encuen– tra a su marido e11, la calle, quien no la reconoce (2), lo Intriga con su mirada, le hace gestos, lo provoca con (rases, entra en gran conversación, se deja ofrecer h e- lados, frutas, bizcochos, le da una cita, le deja y en se– tuida entabla otro diálogo con un oficial que pasa; puede llevar tan lejos como quiera esta nueva aventura, sin quitarse jamás su manto; va a visitar a sus amigas, h a ce un paseo y entra a su casa a almorzar. Su marido ·no le ¡pregunta donde ha ido, pues, sabe perfectamente que, si tiene interés en ocultarle la verdad, le mentirá y como no tiene ningún medio· de evitarlo, adopta el partido más sabio el de no inquietarse. Asi estas señoras van solas al teatro, a las corridas de toros, a las asambleas públicas, a los bailes, a los paseos, a las iglesias, a las visitas y son muy bien vistas en todas partes. Si en– cuentran a algunas personas con quienes desean conver– sar, les hablan, las dejan y quedan libres e independien– tes, en medio de la multitud, allll más de lo que son los !hombres con el rostro descubierto. Ese vestido tiene la inmensa ventaja de ser a la vez económico, muy limpio, cómodo, se tiene listo en cualquier momento y no nece– sita jamás el menor cuidado. Existe, además, una costumbre que no debo omitir de contar. Cuando las limeñas quieren hacer su disfraz aun más impenetrable, se ponen una; Vi-'ja saya toda des– plisada, rota y cayéndose a pedazos, un manto viejo y un corselete viejo; pero las que desean hacerse recono– cer como pertenecientes ·a la buena sociedad se .calzan perfectamente y llevan en el bolsillo uno de sus más lin- (1) Tapada, quiere decir ocultar la ct1ra con el manto. (2) Muchos maridos me han a-..,.•U"acic- oue no reconocen a sus esposas cuando las encuentran.
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