Peregrinaciones de una paria

290 FLORA TRISTAN vestido de las · limeñas para secundar su 1ntellgenc1a y hacerles adquirir la gran libertad y la influencia domi• nante de que · gozan. Si _alguna vez abandonaran ese traje sin adoptar nuevas costumbres, si no reemplazaran los medios de seducción que les proporciona este disfraz con la adquisición de talentos y virtudes que t'engan como objetivo la felicidad y el perfeccionamiento de los de– más, virtudes cuya necesidad no han sentido hasta ahora, se puede predecir sin vacilar que perderán inmediata– mente todo su imperio, caerán muy -bajo y S'erán tan desgraciadas como pueden serlo las criaturas humanas. ' No podrán ya entregarse a esta actividad incesante que favorece su incógnito y serán presa del fastidio sin nin– gún medio de suplir la falta de estimación que se pro– fesa generalmente a los seres que no son accesibles sino a 1os goces de los sentidos. En prueba de lo que digo, voy a trazar un ligero esquema de los usos de la sociedad de Lima y se juzgará, según esta exposición de la exac- titud de mi observación. , La saya, como he dic'.ho, es el vestido nacional. To– das. las mujeres la usan a cualquier clase a que perte– nezcan; se le respeta y forma parte de las costumbres del país, como en Oriente, el velo de la musulmana. Des– de el principio hasta el fin del año, las limeñas salen así disfrazadas y cualquiera que osara quitar a una mu– jer con saya, el manto que le oculta el rostro por com– pleto, a excepción de un ojo, sería perseguido por la in– dignación pública y severamente castigado. Está estable– cido que cualqier mujer puede salir sola; la mayoría se hacen seguir por una negra, pero no es obligación. Ese vestido cambia de tal modo a la persona y hasta la voz, · cuyas inflexiones se alteran (la boca está cubierta) que salvo que esta persona tenga algo notable, como un talle muy alto o muy bajo, que sea coja o jorobada, es impo– sible reconocerla. Creo que ,se necesitan pocos esfuerzos de imaginación para comprender todas las consecuencias que resultan de un estado de disfraz continuo, consagra– do por el tiempo y la costumbra, y sancionado o al me– nos tolerado por las leyes. Una llmefí.a desayuna por la

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