Peregrinaciones de una paria

FLORA TRISTAN dos pafiuelos. Este subterfugio es aceptado, se llama dis– frazar. Una disfrazada es considerada como persona muy respetable. No se le dirige jamás la palabra; no se le acer– can sino muy tímidamente. Sería inconveniente y aún desleal seguirla. Se supone, con razón, que si se ha dis– frazado, debe tener motivos importantes para hacerlo y en con;,ecuencia, nadie debe arrogarse el derecho de exa– minar sus actos. Después de lo que acabo de escribir sobre el vestido y los usos de las limeñas, se concebiria fácilmente que deben tener un orden de ideas distinto del de las euro– peas, quienes desde su infancia, son esclavas de las leyes, de las costumbres, ere los hábitos, de los prejuicios, de las modas, de todo en fin; mientras bajo la saya, la limeña es libre, goza de su independencia f se apoya con con– fianza en esta fuerza verdadera que todo ser siente en si, cuando puede proceder según lo.s deseos de su orga– nismo. La mujer de Lima, en todas las situaciones de su vida, es siempre ella; jamás soporta ningún yugo: soltera, escapa al dominio de sus padres por la libertad que le da su traje; cuando se casa, no toma el nombre de su marido, conserva el suyo y siempre es el ama en su casa; cuando el hogar la aburre mucho, se pone su saya y sale como lo hacen los hombres al coger su som– brero; procede en todo con la misma independencia de acción. En las relaciones intimas que sostienen, ya sean -ligeras, ya sean serlas, las limeñas conservan siempre dignidad, aunque su conducta, a este respecto, sea en realidad muy diferente de la nuestra. Así como todas las mujeres, ellas miden la fuerza del amor que inspiran por la extensión de los sacrificios que les hacen. Pero como después del descubrimiento, su pais no ha atraído a los europeos a tan gran distancia de su patria, sino por el oro que podían obtener, el oro únicamente, con exclusión de los talentos o la virtud, na sido siempre el objeto úni– co de la consideración y el móvil de todas las acciones; el que . ha dirigido todo; los talentos y la virtud a nada. Las limeñas, consecuentes en su manera de proceder con el orden de ideas que se despren'den de ese estado do

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