Peregrinaciones de una paria

PEREGRINACIONES DE UNA PARIA 281' ;serable, que le faltaban hasta los disíraces. Había estado - durante tres o cuatro afios una compañia italiana muY, buena que representaba con mucho éxito, según Mme. J)enuelle, las mejores óperas. La prima ,donna salió en• cinta y no quiso quedarse; su partida desesperó a su amante, quien se afanó en seguirla y sus camaradas se vieron obligados a buscar fortuna en otra parte. Se re• ¡presenta dos veces por semana, los domingos y los jue– ves; todas las veces que asistí hubo muy poca gente. En O.Os entreactos, todos los espectadores fuman, hasta las mujeres. Esta sala resultaría demasiado exigua si la po– blación tuviera pasión por las representaciones dramáti– cas como la tiene por las corridas de toros. La arena (1) construida para este género de espectácu– los demuestra, pOl' sus gigantescas dimensiones, el gusto dominante de este pueblo. Vacilé mu<!ho tiempo en ren– dirme a las solicitaciones de las - señoras amigas mías, que me ofrecían sus palcos, pues me costaba trabajo do– minar mi repugnancia por este género de carnicería; sin embargo, como quería estudiar las costumbres del país, no podía limitarme a las observaciones de salón; debía. ver a este pueblo en aquello a que sus inclinaciones lo arrastran. Fuí, pues, un domingo a la corrida de toros, en compañia de mi tia, de otra señora y de M. Smith. Encontré alli un gentío inmenso, cinco o seis mil perso– nas, quizá más, todas muy bien vestidas, según su condi– ción y gozosas por el placer que esperaban. Alrededor de un vasto redondel están colocadas en anfiteatro, veinte filas de banquillos; encima está la galería, dividida. en palcos ocupados por la aristocracia limeña . La vista. _del dolor me hace tanto daño, que siento un cruel pe– sar en describir el espectáculo repugnante por su barba– rie, de que fui testigo. Me es imposible dominar las emo– ciones que siento ante esas escenas de horror y el pin– cel para pintarlas se escapa de ·mis manos. En el redondel, hay cuatro o cinco hombres a caba- ( 1) La Plaza de Acho construida bajo el virreinato d~ Amat, amante de "La Perricholi". N. E.

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