Peregrinaciones de una paria

PEREGRINACIONES DE UNA PARIA .279 tan llenas, tan variadas y al mismo tiempo los pueblos que la hablan, tienen en general tanta imaginación, que todos los oradores a quienes escuché me parecieron muy elocuentes. La dignidad de su porte, su voz sonora, sus palabras bien acentuadas, sus gestos imponentes, todo en ello concurre a encantar al auditorio. Los sacerdotes, particularmente, se distinguen entre los demás oradores. El extranjero que juzgara a esta nación por · los discur– sos de sus representantes sentiría un desengaño mayor que la opinión que hubiera concebido al juzgar un libro por el anuncio del editor. No 'hay nada que no recuer– de esa famosa insurrección napolitana, los elocuentes discursos de los oradores de su asamblea, los juramentos de morir por la patria y todo lo que ésto devino al acer– carse el ejército austriaco del feld-marecha.1 Frimond. ¡ Pues· bien! los senadores peruanos no ceden en nada a los que Nápoles ofreció en espectáculo al mundo 'en 1822; presu_ntuosos, atrevidos en sus palabras, pronuncian con seguridad discursos pomposos, en los cuales se respira la a·bnegación, el amor a la p:;¡.tria, mientras cada uno de ellos sólo piensa en sus intereses privados y nada en esta patria, a la cual, por lo demás, estos fanfarrones serian 1ncapaces de servir. No hay en esta asamblea sino per– manentes conspiraciones para apropiarse de los recursos del Estado; ese propósito' se oculta en el fondo de todos los pensamientos; la virtud tiñe todos los discm;.sos, pero el más vil egoismo se muestra en los actos. Al escuchar a esos amantes de hermosas frases, pensaba en el pe– riódico d'el monje Valdivia, en las arengas de Nieto, en las circulares del pref~cto y en los discursos del jefe de los Inmortales; comparaba en- mis recuerdos, la conducta de todos estos cabecillas de Arequipa con sus palabras y comprendí de qué manera habia de interpretarse los dis– cursos de los oradores del Congreso y juzgar su valor, su desinterés y el patriotismo de que hacían tanta osten– tación. El palacio del presidente es muy vasto, ·pero tan mal construído como • mal ubicado. La distribución interior es muy incómoda; el salón de recepci9nes, largo y estre-

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