Peregrinaciones de una paria
PEREGRINACIONES DE UNA PARIA 'íl,"l"I . yeinticuatro calabozos, cada uno de diez ples cuadrados. más o menos. Reciben luz por una pequeña ventana que les da aire, pero muy poca claridad. Se ven además los subterráneos y los calabozos destinados para los casti• gos severos y para los desgraciados de quienes querían <l eshacerse secretamente. La sala de las sentencias es imponente por esa expresión que convenía a su terrible destino; es sumamente elevada; dos ventanitas provis– tas de barras de fierro dejan pasar una luz pálida; el gran inquisidor se sentaba sobre un trono y los Jueces en nichos semejantes a aquellos en donde se colocan a las estatuas. Las paredes están revestidas hasta una gran altura, con madera admirablemente tallada.. El aspecto de esta sala es tan lúgubre, se está tan lejos de las habi– taciones de los hombres, los monjes que formaban ese temible tribunal tenían tanta insensibilidad en su aspec– to, que era imposible que el . infortunado conducido ante ellos no estuviera. a la entrada, sobrecogido de es• panto. Después de la independencia del Perú, la Santa In– quisición ha sido suprimida; se ha establecido en el edi– ficio que le estaba consagrado, un gabinete de historia natural y un museo. La colección reunida, se componía de cuatro momias de los Incas, cuyas formas no han su– frido ninguna alteración, aunque preparadas con menos cuidado que las de Egipto, de algunos pájaros disecados, de conchas y muestras de minerales; todo en pequeña cantidad. Lo que encontré de más curioso, fué una gran · variedad de antiguos vasos usados por los Incas. Ese pueblo daba a los recipientes que empleaba, formas tan grotescas como variadas y dibujaba encima figuras em– blemáticas. No hay en ese museo, en materia de cuadros, sino tres o cuatro miserables mamarrachos, ni siquiera extendidos sobre un bastidor. No hay ninguna estatua. M. Rivero, 'hombre instruido, qúe ha vivido en Francia, es el fundador de ese museo. · Hace todo lo que puede por enriquecerlo; pero no .se ve secundado por nadie, la república no concede ningún fondo para este objeto · y sus esfuerzos no tienen nlngµn éxito. El gusto por las
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