Peregrinaciones de una paria

2'16 FLORA TRIRTAN sobre ella, tiene el aspe1.:LO más nuserable; sus casas, des• cubiertas, hacen el efecto de ruinas y la tierra gris con que están construidas tiene un tono tan sucio y tan tris• te que se las tomaria por cabafias de una población sal• vaje. Mientras tanto los monasterios, las numerosas y gt. gantescas· iglesias, construidas de piedra, de una atrevi• da elevación y de una solidez que parece desafiar al tiempo, contrastan de una manera chocante con esa mul• titud de casuchas. Se siente instintivamente que el mis– mo defecto de armonia debe existir en la organización de este pueblo y que llegará la época en la cual las casas de los ciudadanos sean más hermosas y los edificios re- 1'1giosos menos suntuosos. Mi horizonte era de lo más variado: el campo que rodea la ciudad es muy pintores• co; en la lejania, aparece el Callao con sus castillos y La. isla de San Lorenzo: los Andes cubiertos de nieve y el océano Pacífico terminan el cuadro: ¡ Qué panorama más grandioso! Estuve tan decepcionada con mi visita a es– te convento, que no me senti tentada de ver otros. Ha• bía ido con la esperanza de sentir esas emociones reli– giosas que hacen nacer la abnegación y el sacrificio ins• pirados por cualquier fe. No había encontrado sino un ejemplo más de la declinación de esa fe y de la decrepi– tud de las reuniones conventuales. El bello local de la Moneda me pareció bien adminis• trado. Desde hace algunos años, ha recibido notables mejoras: se ha hecho venir de Londres inmensos lamina– dores, los cuales se mueven, asi como al volante, por me• dio de una calda de agua. Sin embargo, sus monedas no estáii hechas con relación al arte, tan bien como las de Europa, porgue hacen falta buenos grabadores. En el afio 1833 se acuñaron 3. 000,000· de pesos de plata, y en oro por valor de 1. 000,000 de pesos, más o menos. Senti. al entrar en las prisiones de la Santa Inquisi– ción, un terrnr involuntario. Ese edificio ha sido cons• tru1do con r ulriado. como todo lo que hacia el clero es– pafiol. en una época en que. como todo estaba dentro del Estado. no faltaba dinero para su magnificéncia. Hay

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