Peregrinaciones de una paria

PEREGRINACIONES DE UN.A PARIA 275 abren entonces todas las puertas. <.:;uaudo estuvimos en San. Francisco, los monjes nos embromaron de la manera más indecente . Subimos a las torres y como yo lo hacia con mucha vivacidad el prior, al verme delgada y ágil. me preguntó si yo también estaba encinta. Confundida por es• ta pregunta tan inesperada, quedé desconcertada . Mi tur• bación provocó entonces, por parte de los monjes, risas Ji propósitos tan inconvenientes, que Ma,nuela que no es ttml• da, no sabia q'Ué postura adoptar. Sali del convento escan• dalizada; cuando me quejé, me respondieron: · -¡Oh! es su costumbre, esos monjes son muy alegres~ pasan por ser los más amables de todos. ¡Y es a semejantes hombres a quienes ese pueblo concede su confianza! Pero, en Lima, lo que no es co– rrompido, está fuera de uso. Fui a visitar un c01:1vento de mujeres, el de la En• carnación. No se siente nada religioso en el interior de ese monasterio. La regla conventual no se presenta en ninguna parte. Es una casa en donde todo ocurre como en cualquiera otra . Hay veintinueve religiosas; cada una de ellas tiene su alojamiento, en el que hace cocinar, tra• baja, educar a nlfios, habla, canta, en una palabra, pro• cede como mejor le parece . Vimos hasta a algunas que no usaban el hábito de su orden. Tienen alumnas que entran y salen; la puerta del convento está siempre abierta. Es' un género de vida cuyo objeto no se com• prende; estaría uno tentado de creer . que esas mujeres se han refugiado en ese recinto para ser más indepen-. dientes de lo que hubieran sido en el mundo. Encontré a una ·francesa joven y bonita, de veintiséis años, con una hijita de cinco años; vivia am por razones de econo-– mia, mientras su marido viajaba por asuntos de comer– cio en Centro América. No Vi a la superiora, nos dijeron · que estaba enferma; esas religiosas de una nueva espe• ele me parecieron bastante cnlsmosas. Su convento está suelo, mal tenido, diferente en todo a Santa Rosa y San• ta Catalina. Como no encontré nada que mereciera mt a tenclón, subi a la ,torre para ver la ciudad a vuelo de pá,• Jaro. Esta soberbia ciudad, cuando la vista se detiene

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