Peregrinaciones de una paria

260 FLORA TRISTAN ricano del norte a quien amaoa mucho 'y del que era excesivamente celosa. Mme. Denuelle me habló en forma de dejarme conocer el fondo de su pensamiento; temía verme aceptar la hospitalidad que me había sido ofre– cida, no tanto por el gasto que podía ocasionar, sino por el deseo vehemente- de tenerme a su lado durante mi estada en Lima. Si de antemano no hubiese estado de-· cidida a rechazar los ofrecimientos de mi tía, lo que acababa de saber hubiera bastado para impedírmelo. Ya había llegado a conocer. el corazón humano lo bastante para comprender que no _debia alojarme en casa de una. mujer, si corría el riesgo de devenir el objeto de sus ce.:. losas sospechas y si me interesaba no provocar su odio, lo que ciertamente quería evitar. Al dejar la casa de mi tío Pío, me había prometido a ~í misma no aceptar la. hospit alidad de ningún pariente. Hablé de eso un día a Carmen y ella me dijo_: '"Hará usted bien, Florita, vale más comer pan en casa cte uno, que bizcocho donde los parientes". Tranquilicé, pues, a Mme Denuelle, traté del precio con ella, a razón de dos pesos por día y cuando regr esó mi tia, le hice comprender que nos molestaríamos mutuamente; en consecuencia, quedó convenido que me quedaria en el hotel. Crei ver que mi discreción causaba , gran placer. Sin embargo, m1 situación pecuniaria hubiera debido causarme inquietud. Había salido de Arequipa con algu– nos cientos de francos; mi tta me había dado una carta de érédito por 400 pesos, pero únicamente destinada a pagar mi pasa je ; había estipulado que no podría tocar . su importe hasta el momento de ta partida. Me hacia comprender asi, claramente, que me daba este dinero con la condición de salir del pa1s. No había navíos en franquía y sabia por M. Smith que no los habría antes de dos meses. Mi permanencia de todo este tiempo en el hotel era un gasto de._ 120 pesos y además, me veia obligada de hacer algunos gastos pequeños en mi vest1• do; comprendí que necesitaba por lo men ·,s 200 pe.i::os para hacer frente a todas estas necesidades. Puedo de– cir que he tenido todas las desgracias, faera de una: la

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