Peregrinaciones de una paria

PEREGRINACIONES DE UNA PAr..IA Z59 ide esa jerarquia que sale de JJios y que ctesc1ende al áto– mo que niL.gún ojo puede percibir? Esta ca.usa oculta. que determina nuestra elección, nuestras predilecciones. que nos fascina, en una palabra, la belleza en cualquier forma que se muestra, aérea, visible o palpable, penetra. todo mi ser con su dulce influencia; los perfumes de las flores, los cantos de los pájaros me la hacen sentir; la experiencia a la vista del gigante de la selva, cuya cima se eleva hasta la reglón. de las tempestades; a la vista de la gracia salvaje del animal indomable; a la apari– ción de un ho.mbre tal como el comandante de la Challenger, de una mujer como mi tía .Manuela; y en presencia de la belleza, de esa sonrisa de los dioses, pal– pitante de admiración y de placer, mi alma se eleva ha- cia el cielo. · Mi tía insistió mucho para que fuera a vivir a su casa; le agradecí, excusándome con la molestia que po– día ocasionarle. Como era muy tarde, dejamqs la decisión para el día siguiente. Desr u'és de su partida, la señora Denuelle, se quedó conversando conmigo de suerte que era más de la una cuando me encontré sola. Nunca 'he llegado a un país desconocido, sin sentir_ una agitación más o menos viva. Mi atención, casi a pesar mío, se dirige sobre todo lo que me rodea y mi al– ma ávida por conocer y comparar se interesa por todo. La sucesión de personas y de cosas que habían desfilado delante de mí desde mi desembarque en el Callao me había agitado hasta el punto de que, a pesar de mi can– sancio, me fué imposible dormir. Mi pensamiento me mantenía en vela y no cesaba de reproducir las impre– siones que acababa de sentir. Me adormecí cerca del amanecer y soñé con los hermosos naranjot, con las Un- - das limeñas con saya y con ·la aparición de mi tía. Desde las ocho de la mañana, la señora Denuelle entró a mi cuarto y pronto dirigió la conversación sobre mi tía. Me dijo, con un aire embarazado que, por interés mío, ,creía deber instruirme sobre algunas particularida– des de la señora Manuela de Tristán. Me refirió que desde hacia largos años, Manuela ~enia amores con un ame- -

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