Peregrinaciones de una paria
PEREGRINACIONES DE UNA PARIA 247 detrás de la paeheta; el pueblo de Cangalio .se encontraba al pie de esta montaña y supusimos que el combate se libraba -allí. Hacia las once, aparecieron muchos soldados en la plataforma de la pacheta. Apenas había transcurri– do media hora, cuando desaparecieron detrás de la mon– taña y no vimos sino a algunos hombres dispersos, unos a pie, otros a caballo. Con ayuda de la excelente larga vista del viejo Hurtado, yo distinguía perfectamen~ a muchos de estos desgraciados que estaban heridos: ,:¡no trataba de sentarse para vendarse el brazo con el pa– ñuelo; otro se amarraba la cabeza; aquel estaba echado de lado sobre su caballo; todos descendían el cam:no estrecho y dificil de la montaña. Por fin, a las doce y media, los arequipeños tuvieron la convicción de su desastre. El espectáculo de una derro– ta, magnífica como la tempestad, espantosa como ella, se ofreció a nuestras miradas. Yo había asistido a las jornadas de julio de 1830, pero entonces estaba exaltada por el heroísmo del pueblo y no pensaba en el peligro. En Arequipa, no vi sino las desgracias que amenazaban a la ciudad. Los dragones de Carrillo, bien montados, llevando la bandera del Perú en el extremo de sus lanzas, aparecie– _ ron súbitamente en la cima de la pacheta; se precipita– ron desde lo alto de esta montaña al galope de sus ca– ballos, en el más grande desorden que el miedo podía hacer nacer. Tras de ellos venían los chacareros, monta– dos sobre mulas y asnos; después los hombres de infan– tería corrían entre los caballos y las mulas y arrojaban sus _fusiles y bagajes para estar más áziles; por Ln, la artillería a lo último proteg1a la retirada. Todo esto se– guido por las desgraciadas rabonas, quienes llevaban so– bre sus espaldas a uno o dos niños y empujaban d:;lante . de ellas a las mulas cargadas, los bueyes y los carneros que Nieto había querido que acompañaran al ej"ército. · A esta vista, la ciudad lanzó un grito, ¡ grito horri– _ble !, ¡grito de horror!, que todavía resuena en mt alma. En ~1 mismo instante desapareció la multitud; las cúpu– las no presentaron sino que masas inertes: el silen.:to
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