Peregrinaciones de una paria

246 FLORA TRISTAN ( ruanos saben correr, pero no matar"; y regresó al cam• pamento. Me desperté a la· madrugada, al llegar un viejo cha• carero, quien venia a decirnos de parte de Althaus que San Román aprovechando de la noche, había abando– nado su posición para retirar:Se a Cangallo y Nieto había, emprendido su persecución con todo el ejército, seguido hasta por las rabonas. Cuando se hizo de día, subi a lo alto de la casa y no vi en la llanura vestigio de nirigún campamento; al fin habían partido para batirse. De nuevo la multitud cubría las cúpulas de las igle• sias y de los conventos; pero no era ya esa reunión de seres que formaban uno solo, por el sentimiento que lo animaba y cuyo silencio, la antevíspera, me había cau– sado estupor. Un ruido sordo, confuso, brotaba de esas masas colosales y el movimiento continuo que las agit¡¡,- ba, parecía el tumulto de las olas de un mar irritado. Oía todas las conversaciones de la torre de Santo Do– mingo; todos hacían conjeturas; se suscitaban discusio– nes que acababan por convertirse en disputas, pues, la, irritación d~ todos, causada por tan largos sufrimientos. los hacía ásperos, porfiados, insociables; en seguida eran presa de las más crueles inquietudes; la ansiedad redo– blada por una larga espera, devenía un suplicio intole– rable; se impacientaban al no ver nada y el ardor de un sol ardiente exasperaba aún más esta impaciencia. Lbs monjes eran los únlcos que trataban de alegrar a. la multitud: el uno hacia una mala pasada a una zamba. bonita; el otro hacia caer· a un negrito con riesgo de matarlo: todas esas gentilezas provocaban las risas rui– fü,sas del populacho y eran un insulto a las angustias dP tos seres que temían por la suerte de un hijo, de un amante o de un hermano. A las nueve, el cañón se dejó oír. Los cañonazos se repitieron con una espantosa rapidez. El más profundo silencio reinó entonces entre toda esta multitud: era el -conde:-:ao0 en presencia del cadalso. Al cabo de media hora, distinguimos una nube de , humo que se elevaba

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