Peregrinaciones de una paria
PEREGRINACIONES DE UNA PARIA 241 ocasión de reponerse. Al tener un momento de tregua, cerraron los ofos al porvenir y estuvieron sin energía pa– ra int{!rvenir en su propia causa. Cada uno de ellos no pensó sino en los pequeños goces de que había sido pri– vado durante veinticuatro horas: éste pensaba en su cho– colate, aquél en renovar su provisión de cigarrillos; to– dos estaban en busca de algún sitio en los conventos <J en las iglesias' para acurrucarse a descansar. Yo también me senti fatigada; las emociones tan fuertes como nue– :vas que me habían agitado desde la víspera, me hacían igualmente sentir la necesidad de un reposo que no te– nia ·ningún deseo de resistir. Me acosté q.espués de ha– ber dado a mi zamba la orden de despertarme sólo cuan– do los enemigos estuvieran en el patio. Era el jueves 3 de abril . · Hacia las seis de la tarde, estaba yo todavía profun– damente dormida, cuando Manuel y mi tio entraron: -Y bien -dijo mi ti0-, ¿qué noticias nos traes? -Nada positivo. El general se quedó con San Ro- mán desde las cinco de la mañana hasta las tres de la. tarde; pero cuando regresó no ha dicho nada sobre esta. larga conferencia, sino que pensaba que todo se arregla• ria. . Hemos sabido por un ayudante, que la entrevista. de ambos jefes ha sido muy conmovedora_; han llorado mucho por las desgracias de la patria, y por -la pérdida. del oficial· Montenegro, cuyo cuerpo rodearon y juraron sobre sus manes, unión y fraternidad. En fin, todo el día se pasó, en recitar, por una y otra parte, hermosas fra– ses. Los gamarristas se hacen los tontos y son dulces co• mo corderos; mientras tanto Nieto, , más sensible que nunca, ha permitido a San Román que envie a sus hom– bres y caballos a beber a la fuente del A.gua Salada; les !ha h echo hasta llevar víveres y trata a San Román y a. su ejército como a hermanos . Manuel me invitió a visitar er campo; mi tío quiso acompañ.ar' .m~ y fuimos todos . Encontré las chicherías y la casa de Menao completamente destruidas y el cam– pamento en el mayor desorden. Al ver el aspecto de esos lugares se habría creido que los ocupaban los enemigos; ' 16
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