Peregrinaciones de una paria
242 FLORA TRIST'AN los campos de maiz estaban destrozados; los pobres cam– pesinos se habían visto obligados a huir; sus cabañas es– taban llenas de rabonas. En el estado mayor vi a los guapos oficiales, de ordinario tan elegantes, sucios, con los ojos rojos y la voz enronquecida; la mayoría de ellos dormian tendidos en tierra, · asi como los soldados. El cuartel de las rabonas era el que más habia sufrido; la artilleria de Morán en la confusión, lo había alcanzado'· y había derribado todo; tres de estas mujeres habían muerto y siete u ocho estaban gravemente heridas. No encontré ni al general ni a Valdivia: ambos dormían. A nuestro regreso, mi tío me dijo: -Florita, auguro males a todo esto; conozco a los gamarristas, no son gentes capaces -de ceder. Hay con San Román algunos hombres de mérito. Nieto no es ca– paz de luchar en astucia con ellos. Bajo esas apariencias de cordialldad, me engaño si no se oculta una trampa. Al dia siguiente, Nieto fué de nuevo a ver a San Ro– mán; le 'hizo llevar vino, jamones y pan para sus tro– pas. Todo el mundo esperaba, a las doce del día,. la pu– blicación de un bando, en el cual el general diera cuenta. al ejército y al pueblo del resultado éle las conferencias sostenidas desde ha<;ia dos días con el enemigo. Eran más de las dos de la tarde y no apareció ningún bando. Entonces se comenzó a gritar en alta voz, contra este hombre nombrado por el pueblo, comandante general del departamento, quien desde hacia tres meses, disponía a su agrado de la · fortuna, de la libertad y de la vida. de los ciudadanos y respondia a tal confianza dándose aires de presidente o más bien de dictador. Esta conducta llevó al colmo la exasperación contra. Nieto; una población de treinta mil almas, obligada a. abandonar sus ocupaciones y sus costumbres para aga– zaparse en los monasterios y las Iglesias, estaba impa– ciente por s~ber a qu-é atenerse; no podia soportar por más tiempo la situación a que la hablan reducido. El pequeño número de personas que habían permanecido en sus casas, como nosotros lo hablamos hecho, estaban en la f9rma más incómoda . Con todo escondido en los
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