Peregrinaciones de una paria
-- PEREGRINACIONES DE UNA PARIA 237 entonces los asistentes aplaudian, los buenos padres pal– moteaban con sus toscas manos y exclamaban: "¡Ohl ¡El valiente general! ¡Cuánto valor! ¡Cuánto talento! Condenado sea ese miserable indio, ese zambo de San Román". Mi tío temía verse comprometido por estos im– pertinentes charlatanes, tan ridículos como despreciables; pero en vano empleaba toda su elocuencia en 'hacerlos callar, sus esfuerzos eran inútiles, pues, en la naturale– :;,.:i de las gentes de este pais está el abrumar sin piedad y sin medida al que cae, para alabar con exageración al que ha tenido éxito. Hacia la una de la mañana, Althaus nos envió a uno de- sus ayudantes para informarnos que, desde las ocho la acción habia cesado . El enemigo intimidado por el número, no había osado aventurarse, durante la noche en localidades que no conocia. Ya habíamos perdido treinta o cuarenta hombres, entre ellos un oficial, a cau– sa de la funesta equivocación de Morán y un desorden alarmante reinaba entre la tropa . Mi primo me envia– ba una esquela escrita con lápiz, en la cual me decia que consideraba la batalla perdida. A las cuatro de la mañana, estaba yo en lo alto de la casa. Admiraba la salida del sol y el magnifico es– pect áculo que me ofrecian las cúpulas de las numerosas iglesias y conventos que encierra esta ciudad. Todos esos seres humanos, hombres, mujeres y niños, presentaban, del negro al blanco, todos los matices, estaban trajeados según su rango y su respectiva raza, y unidos en ese ins– tante por el mismo pensamiento que los preocupaba, formaban un todo armónico y tenían una sola expresión. Las cúpulas y las torres hablan perdido su naturaleza. inerte; la vida se habla incorporado a ellas; estaban ani– madas por la misma alma. Esas figuras inmóviles en la. misma actitud, todas con el cuerpo inclinado, la boca. e;1treabierta, los ojos fijos en la misma dirección hacia. los .dos campos, cubrían integramente la cúpulas, y las ton:es y les daban un aspecto sublime. ¿Por qué impulso divino, m~ preguntaba, todos esos seres, que viven entre ellos en una lucha perpetua, quie-
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