Peregrinaciones de una paria

PEREGRINACIONES DE UNA PARIA 229 estaban tristes y las señoras no cesaban de elogiar la bondad de esas amables religiosas. . No hubo dia, en la semana siguiente a nuestra sali• da, que estas religiosas no nos enviaran regalos de toda. especie. Seria dificil hacerse una idea de la generosidad de estas excelentes señoras. Habia yo conservado un re– cuerdo tan agradable de la acogida amistosa recibida en el convento de Santa Catalina, que antes de mi partjda de Arequlpa, fui varias veces a conversar en el locutorio con mis antiguas amigas. En esta circunstancia, esas se• fioras me colmaron de regalitos y me dieron el encargo de enviarles de Francia música de Rossini. IV BATALLA DE CANGALLO El martes 1.9 de abril; salimos de Santa Catalina. Mi tía, inquieta por su marido, por su casa y sin poder contener su impaciencia, había querido regresar a su hogar. Por lo demás, todo el mundo decla que San Ro– lílán, asustado por el número y el buen orden de las tropas de Nieto, no osaría acercarse y se quedaría en Cangallo hasta que Gamarra le enviase refuerzos del Cusco. El general compartía también la buena opinión de la multitud y siempre preocupado por la llegada de Orbegoso, se impacientaba de la lentitud del enemigo y no tomaba ninguna disposición para recibirlo. El monje, en su periódico, entonaba ya los cánticos de la victoria; los eruditos de Arequipa componían canciones en honor de Nieto, lle Carrillo y de Morán y endechas sobre San Román, to do tan burlesco y tan ridículo que me recor• daba a los cantores de las calles de Paris después de las jornadas dr>. julio. Ese miP-tno martes, dia de nesta, se pagó a la tropa-

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