Peregrinaciones de una paria
FLORA TRISTAN Dominga era más hermosa que sus tres hermanas; a los catorce años su belleza estaba suficientemente desarro– llada como para inspirar amor. Gustó a un joven médi– co español, quien al saberla rica, trató de hacerse amar. Eso le fu"é cosa fácil; Dominga nacía para el mundo; era tierna y amaba, como se ama a su edad, con sinceridad y sin desconfianza, creyendo la pobre niña en su senci– llez, que el amor que inspiraba igualaba al que ella mis– ma sentfa. El español la pidió en matrimonio y la ma– dre acogió su demanda; pero temiendo que su hija fue– se todavía demasiado joven, quiso que el matrimonio se efectuase al cabo de un año. Ese español, como casi to– dos los europeos llegados a estas comarcas, estaba; domi– nado por la codicia, queria conseguir grandes riquezas y como la posesión de Dominga le había parecido un me– dio de lograrlas, había especulado con la crédula inocen– ci.a de una niña. Apenas hablan transcurrido algunos me– ses, desde que este extranjero pidió su mano, cuando renunció al amor verdadero de esta niña, por una mujer viuda, sin ninguna cualidad, pero mucho más rica que Oominga y sin demostrar la más ligera consideración por el profundo pesar que iba a causarle ese abandono. La. falta de lealtad del español hirió cruelmente el corazón de Dominga; su proyectado matrimonio babia sido anun– ciado públicamente a toda su familia y su orgullo no pu• do soportar este ultraje. Esta joven se sentía humilla– da y los consuelos que trataban de prodigarle no hacian sino irritar un dolor que hubiera q,uerido ocultarse a si misma. En sus desesperación, no vió más refugio que la vida conventual. Declaró a su familia que Dios la llama– Jba a sí y estaba resuelta a entrar al monasterio. Todos los parientes de Dominga unieron sus esfuerzos para que– brantar su resolución; pero ella tenia la. cabeza exaltada. y los sufrimientos de su corazón no le permitieron es– cuchar ninguna súplica. Todo fué inútilmente intentado:' lla joven se mostró tan indiferente a las exhortaciones Y a los consejos, asi como babia estado sorda a las solici– tudes. La resistencia encontrada en su familia, no tuvo por resultado sino que su obstinada temeridad la llevara.
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