Peregrinaciones de una paria

214 FLORA TRISTAN re11giosas. La aristocracia de las riquezas, la que reina en todas partes, hasta en el seno de las democracias, es la única que existe en este convento, por lo que he no• tacto. Las religiosas de Santa Catalina realmente progre– san. Entre esas señoras, hay tres a quienes se considera como las reinas del lugar. La primera, colocada en el convento a la edad de dos años, podía tener, cuando es- · tuve allí treinta y dos o treinta y tres; pertenecía a una de las más ricas familias de Bolivia y tenía ocho negras o zambas para servirla. La segunda, es una joven de veintiocho años, alta y esbelta, hermosa con esa 'hermo– sura viva y atrevida de las mujeres de Barcelona;· es de origen catalán; esta encantadora muchacha, huérfana con 40,000 libras de renta, vive en el monasterio desde los cinco años. Por fin, la tercera, amable persona de veinticuatro años, buena, alegre y risueña, es religiosa. desde hace siete años. La de más edad, se llama Mar– garita y es la farmacéutica del convento; Rosita, la se• gunda. es la portera; en cuanto a la más joven, Ma• nuelita, es demasiado loca y demasiado ligera para con– fiarle la menor función. Esas tres religiosas, por el deseo incesante de activi– dad que las atormenta y por los caprichos de su espíri– tu , fueron cáusa de una de esas destituciones a las que su excesiva bondad expuso a la superiora. La hermana. Manuelita, a quien su demasiada fuerza y demasiada gor– dura tienen siempre enferma, tuvo un pequeño alterca– do con el viejo doctor del convento, porque éste quería. imponerle dieta, a la cual la joven, un poco golosa, se negó a sujetarse . El padre de Manuelita es un viejo octo– genario, no menos extraordinario en su género, como mi prima la sur.eriora lo es en el suyo. . El uno y la otra. simpatizan mucho y son los mejores <>migas que pueda darse. Ese viejo, iba a menudo al convento, a donde te– nía permiso para entrar cuando lo deseara; quiere a su hija la religiosa con una pasión particular y Manuelita, abusa de eHo como lo hacen todos los niños engreídos. Asi, pues, se quejó a él del tratamiento a que quería so– meterla el viejo doctor y se fingió mucho más enferma

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