Peregrinaciones de una paria

212 FLORA TRISTAN les. La distribución interior del convento es muy extra– ña; está compuesta de dos <:uerpos de construcción, uno de los cuales se llama el viejo convento y el otro, el nue– vo. Este último se compone de tres pequeños claustros muy elegantemente construidos; las celdas son pequeñas, pero aireadas y muy claras. En medio del patio, hay un círculo sembrado de flores y dos hermosas fuentes que alimentan la frescura y la limpieza. El exterior de los claustros está tapizado con viñas. Se comunica por me– dio de una calle escarpada, con el viejo convento. Es este un verdadero laberinto, compuesto de una cantidad de calles y callejuelas en toda dirección y atravesado por una calle principal, a la que se sube como por una esca– lera. Esas calles y callejuelas están cerradas por las celdas que son, a su vez, otros tantos cuerpos de una construcción original. Las religiosas que las habitan están como P,n pequeñas casas de campo. He visto algu– nas de sus celdas que tenían un patio de entrada bas– tante espacioso, como para criar aves, y en donde se en– contraban establecidas la cocina y el alojamiento de los esclavos. Después, un segundo patio, en el que estaban construidos dos o tres cuartos; en seguida un jardín Y. un pequeño retiro cuyo techo formaba una terraza. Des– de hace más de veinte años, esas señoras ya no viven en común. El refectorio ha sido abandonado, el dormitorio igualmente, aunque por la forma, cada una de las rell– giosas tiene todavia un lecho, blaneo como la regla lo exige . No están tampoco obligadas, como las carmelitas de Snnta Rosa, a esa multitud de prácticas religiosas que ocupan todo el tiempo de estas últimas. Les queda, al contrario, después del cumplimiento de sus deberes conventuales, mucho tiempo que consagran al cuidad~ de su habitación, al de sus vestidos, a ocupaciones de caridad, y en fin, a sus distracciones. La comunidad tie– ne tres vastos jardines que no son cultivados sino con le– gumbres y maíz, porque cada religiosa cultiva flores en el jardín de su celda. Además, la vida que llevan esas señoras es muy laboriosa: hacen toda clase de trabajos de aguja, admiten pensionistas a quienes instruyen y

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