Peregrinaciones de una paria
PEREGRINACIONES DE UNA PARIA 197 III LOS CONVENTOS DE AREQmPA Asl como lo he dicho, Arequipa es una de las clu• dades del Perú que encierra el mayor número de con– ventos de hombres y -de mujeres. Por el aspecto de ta. mayoría de esos monasterios, la tranquilidad constante que los envuelve y el aire religioso que se exhala de ellos. se podría creer que si la paz y la felicidad habitan sobre la tierra, es en estos asilos del Señor, sobre todo si se transporta el pensamiento a las agitaciones de la socie• dad. Pero ¡ay! no es en los claustros en donde ese deseo de reposo, que siente el corazón desengañado -é las Uu– siones del mundo, puede quedar satisfecho. En el recinto de esos inmensos monumentos, no se encuentran sino agitaciones febriles, que la regla cautiva pero no ahoga: sordas, veladas, hierven como la lavr , . los flancos del volcán que la encubre. Aun antes de haber penetrado en el interior de uno solo de estos conventos, cada vez que yo pasaba delante de sus pórticos, siempre abiertos, o a lo largo de sus grandes muros negros, de treinta o cuarenta pies de elevación, se me oprimía el corazón. Sentía por las des– graciadas víctimas sepultadas vivas entre esos montones de piedras, una compasión tan profunda, que mis OJOS se llenaban di> lágrimas. Durante mi estada en Arequipa. lba a menudo a sentarme al mirador de nuestra casa:1 desde este punto me gustaba pasear la vista, del volcán~ al lindo riachuelo que corre en su parte baja y del 1iente valle que este riega a los dos magníficos conventos de Santa Catalina y Santa Rosa. Este último, sobre touo. atraía mi pensamiento y cautivaba mi atención. Era (,ll su . triste claustro en donde se había desarrollado un
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