Peregrinaciones de una paria
196 FLORA TRISTAN y sin preocuparse en adoptar ninguna disposición, dejó los asuntos abandonados y fué con Los demás jefes a. ~aballa, a festejar la Semana Santa. Al día siguiente, !hacia las cuatro de la tarde, un espía vino a decir, con todo apuro, que el enemigo estaba en Cangallo ¡ el rumor i'ué general! Por un lado, se corría a buscar a Nieto; por el otro, los Inmortales se reunían, las tropas salían en desorden ; !os chacareros espantados se negaban a mar– char y las pelucas de la municipalidad hacían disparate sobre disparate : la confusión llegaba al colmo. Entonces se demostró la profunda ignorancia y la absoluta nulidad de esos jefes presuntuosos, tanto civi– iles como militares, que dirigían los asuntos de este des– graciado país. Temería fatigar al lector y no ser creída por él, si le refiriera el derroche que se hizo en todas las cosas, las escenas de desorden y de indisciplina que se exhibieron en este momento de crisis y la conducta; de los oficiales, los cuales en la víspera de una batalla, en lugar de estar en sus puestos, jugaban o se emborra– chaban en las casas de sus queridas. Todo lo que ocurrió esta tarde y en la noche siguien– te, sería increible para todo europeo. No entro, pues, en ningún detalle, pero afirmo que la confusión fue tal, que sl San Román hubiera tenido ·noticia de ello, hubiera podido apoderarse de la ciudad el mismo dia y hacer acuartelar sus tropas sin combatir. Estaban fuera de es– tado de hacer un solo tiro de fusil para impedirlo. Se !hubiera acabado la guerra en tres horas. Ciertamente se debe lamentar el que no ocurriera asi. Se hubiera econo– mizado mucha sangre vertida y muchos males irrepera– 'bles hubieran sido evitados.
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