Peregrinaciones de una paria
194 FLORA TRISTAN serlo de Arequipa, y con los tres batallones que le que– daban, reducida esta ciudad, Orbegoso no osaria regresar a la Capital. Se concibe cuán importante debía ser, para los jefes del ejército de Arequipa, para l~s autoridades de la ciudad y para las personas interesadas en sostener a Orbegoso, alimentar en el pueblo las ideas exageradas de las calamidades a las cuales el triunfo de San Román lo expondría. a fin de excitarlo a defenderse hasta el último extremo. Por esto se hacian circular, cada día, escrit os hechos a mano, redactados por el monje (aunque no llevaran ninguna firma), en los cuales se decía que San Román había prometido a sus soldados el saqueo de la ciudad. La descripción de las matanzas, de las vio– laciones, de las atrocidades contenidas en estos escritos infundían en el alma tímida de los habitantes, un terror rayano en la desesperación. El monje lograba asi su objeto, pues, la desesperación inspira valentía al más cobarde. El general arengaba a sus soldados; el prefecto y el alcalde lanzaban sus pr-0<:lamas en el mismo tono y en fin, los monjes de los diferentes conventos, cediendo a la fuerza, predicaban en sus iglesias la resiCJtE>ncia hasta la muerte. Todas esas arengas y predicaciones produjeron sobre el pueblo el efecto esperado. Durante el primer mes transcurrido después de la insurrección, el temor· de la llegada inopinada de San Román, que mandaba a tres de los mejores batallones, suscitó penosa ansiedad e hizo organizar la defensa con celo. El segundo mes, los are– quipeños, confiados en sus preparativos y en el triunfo prometido por el monje a su valor, se acost1J.mbraron a la idea de la luc'ha que iban a empeñar y esperaron al enemigo a pie firme. Pero el tercer mes, su impaciencia. no conoció ya limites. La lentitud. de San Román en ve– nir les pareció un indicio del miedo que ellos inspiraban, su valor aumentó y como sucede siempre entre los pue– blos carentes de experiencia, pasaron del terror que los había embargado, a una jactancia, a una fanfarronada. que causó justas aprensiones a todas las personas racio– nales. Estas temían el fracaso y no sentían menores in•
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