Peregrinaciones de una paria
192 FLORA TRISTAN -Althaus, quienes se dejan dominar por -el amor del juego muestran · tener más confianza en el azar que en su habilidad. Dudo que esta pasión pueda coger a un hombre de verdadero mérito. -Florita, si habla usted de los miserables juegos de cartas, soy de su opinión. Pero existe un juego sabio, en el cual puede ejercitarse la alta inteligencia: es el ajedrez (1). Si esos bribones emplearan su tiempo en jugarlo, les perdonaría el derroche del dinero quitado ai los propietarios y sostendría, aún contra usted, hermosa. prima, que progresarian más, jugando ajedrez cada día, que con las cuchufletas que el monje les lanza en latín y en español o con las ridículas revistas del general. -Pero, primo, sea, pues, consecuente consigo mismo, -Si pretende que ninguno de esos oficiales es capaz de comprender la más · sencilla demostración matemática ¿cómo podrían pasar como usted tres horas en resolver una dificultad del juego de ajedrez? -Tiene usted razón. Para ser aparente para las sa– bias combinaciones de ese juego, es menester haber na– cido en Germania. Sin embargo, he encontrado a. un inglés y un ruso quienes hubieran podido competir con el más famoso de los jugadores alemanes. Pero no 'he encontrado otros adversarios, ni aun en Francia, que valiesen la pena de prepararse antes dél momento del asalto. En los últimos días de marzo, se supo desde Lima, que el presidente Orbegoso se disponía a tomar el co– :mando del ejército del departamento de Arequipa. Con esta nueva, Nieto se desesperó. El presidente, decía, ve– nia a arrebatarle la gloria que estaba seguro de obtener al medirse con San Román (2). El presuntuoso general no podía pensar en rebelarse, no tenía suficiente influencia para presentarse como jefe de partido y obrar por su (1) Althaus es uno de los mejores Jugadores de ajedrez qm. se puede citar. (2) Más tarde el general Miguel San Román fué presidente oel Perú. N. E.
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