Peregrinaciones de una paria

PEREGRINACIONES DE UNA PARIA 191! el general y los oficiales superiores; dei otro, por 10s sub-oficiales. Todos, en una y otra pieza, jugaban al fa– r~n sumas enormes {1). Althaus quiso hacerme ver en to.da su hermosura a los oficiales de la república y me llevó a las once de la noche, a la casa de Menao. No entramos y sin ser vistos, nos pusimos a mirar por la ven– tana. ¡Ah! ¡qué espectáculo el que ofrecía esta. rf:Umünl. Vimos a Nieto, a Carrillo, a Morán, a Rivero, a Ross, sen– tados alrededor de una mesa, con las car.tas en la mano, ante un rimero de oro. Sobre la mesa había botellas y vasos llenos de vino o licores. La cara de estos persona-· aes expresaba lo que la pasión del juego tiene de mas Violento: la rabia concentrada o esa codicia que nada puede saciar y se acrecienta aún más con el alimento que el azar le arroja. Todos tenían un cigarro en la boca y la luz pálida que atravesaba la atmósfera de hu• mo, daba a estas fisonomías algo de infernal. El monje no jugaba, se paseaba con pasos lentos, se detenía por momentos delante de esos hombres y cruzando los bra– zos parecía decirles: ¡Qué puedo esperar de semejantes instrumentos! eón su largo vestido negro, con la expre– sión de su fisonomía, y por el lugar en donde se encon– traba, se le hubiera tomado por el genio del mal, in– dignándose por los obstáculos presentados por los vicios ' en la carrera del crimen. Los músculos de su rostro se contraían de un modo espantoso, sus pequeños ojos ne– gros lanzaban fuego sombrío, su labio superior expresaba. ei desprecio y la soberbia. Después recuperaba su impa– sibilidad con la apariencia de la resignación. Permane– cimos largo tiempo examinando esta escena. Nadie nos yió, los esclavos de ,servicio dormían, los bravos defenso– res de la patria estaban absortos en el Juego y el monje en sus pensamientos. Al retirarnos, conversamos, Althaus y yo, sobre la desgracia de un país entregado a seme– lantes jefes. (1) Los peruanos son muy Jugadores. El coronel Morán, en una partida en Chorrillos, cerca de Lima, perdió en una noch• 30.000 pesos.

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