Peregrinaciones de una paria

PEREGRINACIONES DE UNA PARIA 171 sucumbido con la vergüenza de semejante proceso o se vería obligado a dar su dimisión. Una vez abatido el árbol, Valdivia habría corrido a las ramas y Luna Pizarro tomado sus medidas para ocupar la sede ya vacante. Al organizar el nuevo gobierno, Valdivia había colo– cado bajo sus órdenes a gentes nulas en extremo, con el fin de paralizar toda oposición y tener constantemente a su disposición dóciles instrumentos. Nombró ·prefect<l a don Manuel Cuadros, hombre completamente incapa11 pero que tenía para i:íl la recomendación del odio impia– cable que sentía por los Goyeneche. El señor Cuadros '.ha– bía pedido en matrimonio a la señorita Goyeneche. Est a señorita a quien la fortuna hacía exigente, había ya re– chazado numerosos pretendientes. El señor Cuadros fué, según creo, el vigésimo despedido. Ella se enfadaba con cada nueva propuesta que se le hacía y decía en alta voz: "que no concebía cómo hombres que tenían por to– da fortuna sólo 60.000 u 80.000 pesos osaran venirle a .ofrecer un peso a· cambio de una onza". El señor Cuadros de Osencio pertenecía a una familia muy buena de Cádiz. Tan orgulloso como necio y furioso de ver que se medía su mérito por el número de sus pesos, se convirtió en enemigo irreconciliable de esta familia y cuando se pre– sentó la ocasión, la pobre Mariquita, pagó muy caro el rechazo, un poco altivo, 'hecho al señor Cuadros. Así -como Althaus me lo había anunciado, Valdiv!a hizo aparecer su segundo bando un mes después del pri– mero. Esta vez, a mi tío se le impuso 6.000 pesos; pro– testó, pero fué necesario pagar ei mismo día. El bando decía que los retardatarios serían reducidos a prisión. A11 obispo se 1e· impuso 30.000 pesos; a su hermano 6.000 y a su hermana igual suma; a Ugarte, 10.000. Este tuvo acce– sos de locura y su esposa se 'Vió obligada a llevarlo al campo. El pobre Gamio casi muere: Una de mis primas, apellidada Gutiérrez, fué la única que demostró energia; 1 se encaprichó en no pagar y no se le ·pudo obligar. Toda; la ciudad estaba en tal exasperación, que Nieto no se atreviá ya a salir a las calles; el audaz Valdivia quien

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