Peregrinaciones de una paria

150 FLORA TRISTAN se pueda ver. Verá a todos esos capitalistas con sacos de plata bajo el brazo, con la cara pálida, alargada, ir como gentes a quienes se conduce a un auto de fe. Ven– ga pronto. F'lorita. En este momento perdemos mucho. Arrastrada por sus instancias, fui a instalarme a su ventana. <;armen tenia razón. Encontré interesantes ob– servaciones que hacer. M1 prima está penetrada de ese espíritu sordamente malo, muy corriente entre los seres que no se atreven a ponerse en tucha abierta contra la sociedad de la que han sido victimas y aprovechan con complacencia de t o– das tas ocasiones para vengarse de esta misma sociadad a la cual odian. Por eso se dirigía a cada individuo que pa– saba delante de nosotros y se gozaba en revolver el puñal en la llaga. -¡Qué cambiado está usted, señor Gamiol ¿Dónde lleva ustP.d esos grandes sacos de pesos?. . . con eso po– dría comprar una chacr1ta para cada una de sus hijas. -Cómo, doña Carmen ;,n·o sabe usted que han te– nido la iniquidad de imponerme 6.000 pesos? -¿De veras, señor Gamio? ¡ Ah, eso es espantoso! ..• ¡A 011 padre de fam!lla, a un hombre tan ordenado, tan económico, que se priva de lo necesario para amontonar saco sobre saco! ¡Eso e:, de una injusticia clamorosa! - -Sí, 1 usted bien sabe, si me he privado de todo para ahorrar! ¡PuP-s bien! tAqui están los frutos de mis econnmias perdidas de un solo golpe! ¡Me quitan todo! -Y con todo, don José, ¡si quedara usted libre con esta suma! . . . -i .11.h ! pero ¿cree usted que me pedirán más? -Don José, vtvtmos en un tiempo en el cual las gen- tes honradll s no t ienen la libertad de hablar. Hay que encomenrh:.r el alma a la Santislma Virgen y rogar por los desgnwiados que tienen dinero ... 1<~1 señ(lr Gamio. con las lágrimas en los ojos, tem– blanrh ~.- temor, dejó la ventana de Carmen con ta· desesperación en el corazón.

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