Peregrinaciones de una paria

PEREGRINACIONES DE UNA PARIA 149 ni las de los demás miembros del Gobierno Supremo. figuraban en el bando con un real. Valdivia quiso repli– car y dijo "que la sobrina de don Pío... ., -aqui, excla– nré, interrumpiéndolo con vehemencia, no se debe ver ~ la sobrina de don Pío, sino únicamente a la esposa del ¡jefe del Estado Mayor, Althaus, y si los lobos se devoran entre ellos, entonces, ¡al diablo! arrojo la piel y me voy a aullar a ' otra guarida... Al pronunciar estas palabras con m1 dulce voz, hice sonar mi sable contra el suelo y mis espuelas con tal fuerza, que el monje tomó la. pluma para tachar el nombre de ml esposa. Al encon– trarlo tachado, frunció los labios, palideció y su mirada. trató de penetrar de donde provenia mi seguridad; pero lo mismo que en W aterloo, permaneci firme como una. roca y mirándolo de frente le dije: -Camarada, en este negocio, cada uno de nosotros tendrá su tarea: usted la de fabricar los bandos que extorsionen el dinero de 11.os burgueses y yo, la de hacerlos ejecutar. Pienso que en esta circunstancia ml sable será tan útil como su plu– ma. El camarada ha comprendido . . y, le aseguro, Flo• rita, que esta salida soldadesca, como usted va a llamar– la, causó muy buen efecto. Hacia las doce, mi prima Carmen entró con la ex– presión de una alegria reconcentrada: -Florita, vengo a buscarla. Querida amiga, Ievánte• se. Es preciso, absolutamente, que usted venga a sen• tarse a la ventana de mi salón para gozar conmigo del espectáculo q~e ofrece la calle de Santo Domingo. Es un acontecimiento que debe figurar en su diario. Ya he tomado, para usted, nota de los dos más curiosos. Usted :va a envolverse en su abrigo, a cubrirse la cabeza con su gran velo negro y pondré en el borde de la ventana. alfombras y cojines, Estará usted all1 como en su lecho y nos divertiremos como reinas. -Pero, prima ¿qué ocurre, pues, en la calle de Santo :Domingo? ... -¡Lo que ocurre! El espectAculo más divertido que

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