Peregrinaciones de una paria

146 FLORA TRISTAN las personas y de las propiedades en forma estable. A donde acuden, de todas partes, desde hace veinte años, los hombres de violencia que al ver en Europa cerrada la arena de los combates por los progresos de la razón :humana, van a América a fomentar los odios, tomar par– te en las querellas, prolongar las resistencias con su cooperación y perpetuar así las calamidades de la gue– rra. No es actualmente por principios por lo que comba– ten los americanos-españoles, sino por jefes que los re– compensen con el saqueo de sus hermanos. La guerra no se ha mostrado jamás bajo un aspecto más repug– nante y más despreciable. No cesará sus destrozos en esos desgraciados países, sino cuando ya nada tiente su avaricia y ese momento· no está muy alejado. Llegará. por fin el día fijado por la Providencia en que esos pueblos estarán unidos bajo .el estandarte del trabajo. ¡Ojalá puedan, con el recuerdo de las calamidades pa– sadas, tomar en santo horror a los hombres de sangre y de rapifía ! ¡ Que las cruces, las estrellas, las decora- · clones de toda especie, con que los cubren sus amos, no · sean a sus ojos, sino estigmas de infamia, y los re– chacen por todas partes y no acojan sino a la ciencia Y el talento, aplicados a su felicidad común! Al dia siguiente, mi tio entró a mi cuarto por la mañana. Yo estaba adormecida. --Querida Florita -me dijo-, perdóneme si la mo– lesto tan temprano ¿cómo está usted?, ¿ha descansado esta noche? -No tio, he tenido una agitación febril que me privó de todo suefio; el dolor de cabeza no me deja y me siento débil en extremo. -No me admira, si no come nada ¿cree usted que con naranjas, café y un poco de leche va a poder re– ponerse de las duras fati.gas de su largo viaje? Joaquina Y yo no osamos contrariarla; pero sufrimos al ver el trato que se da. Carmen tiene razón al llamarla flor del

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