Peregrinaciones de una paria

PEREGRINACIONES DE UNA PARIA 145 ha mentido tantas veces que no creo ya en ninguna de sus palabras. -Al menos, primo, usted cree en sus actos. Lo que debe determinarlo es que don Pío cede suficiente dura– ción a este gobierno como para ofrecerle dinero. Maña– na, le irá a llevar 4.000 pesos a Nieto. -¿El se lo ha dicho? i j -Sí, querido amigo. -¡Ah! Entonces, eso cambia las cosas. Usted tiene razón, prima. Cuando un '.hombre político como don Pío ofrece 4.000 pesos, un pobre soldado como yo, deb~ acep– tar el puesto que le ofrecen, de jefe del Estado Mayor. Mañana, antes de las ocho, estaré donde el general. ¡Mal• dito oficio! Yo, Althaus, obligado a servir bajo las órde– nes de un hombre a quien. cuando yo erá teniente de\ ejército del Rhin no hubiera aceptado ni por simple ca– poral . . . ¡Ah, banda de ladrones! ¡Si llego a hacerme pagar solamente la mitad de lo que me debéis por los t;-abajos que os he hecho y que sois incapaces de apre– ciar, juro dejar vuestro maldito pais para no volver a verlo jamás! Althaus, una vez lanzado, se desencadenó centra los tres presidP-ntes: ·el antiguo, Gamarra; el nuevo, Orbf'l– goso y en fin, contra el que tenia el poder en posesión: Bermúdez (1). Despreciaba igualmente a los tres. 1>ero, muy pronto, vió las cosas por el lado jocoso y me dljo, a este propósito los ~hlstes más originales. Después de dejarme Althaus, mis pensamientos to– maron un c.9,rso más serio. No pude evitar el deplorar .tas desgrf.l:ehís de esta América española, donde, en nin• gú11 _Jugar se ha establecido un gobierno protector de ( 1) La pendencia ~ntre O rbeqoso y Bermúdez concluyó coñ el armistic::io conocido como _"el abrazo de Maquinhuayo". Orbegoso quedó de Presid,mte: G amarra pasó a Chile; inA t en:ino el presidente de B01ívia, Santa Cruz; se sublevó el general Salaverry: 1834-1836.-N. E.

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