Peregrinaciones de una paria
144 FLORA TRISTAN -iAh, mi Florita!, póngame al corriente. Althaus es tan reservado conmigo! Jamás puedo sacarle una pa– labra. Ese Manuelito huye de mí. Los dos la quieren a. usted mucho, trate de que la tengan siempre bien infor– mada. Voy a retirarme a mis habitaciones y me fingirá enfermo, pues, en estas circunstancias, no me atrevo a. hablar. Bastaria de una palabra para comprometerme. Mis relaciones con Valdivia me habian '.hecho juzgar al hombre. Al saber que estaba en el gobierno que se organizaba, presumí que los propietarios serian explota– dos. Eso fué lo que me hizo hablar con tanta seguridad a mi tío. Cuando éste salió, Althaus se acercó a mi a su vez y me dijo: -Prima, despida a toda esa gente que la cansa. Querría conversar con usted. Estoy en una posición muy embarazosa. No sé qué partido tomar. Llamé a mi prima Carmen y le rogué despedir a to– dos los visitantes, quienes creyendo causarme un placer, · •venían a mi cuarto y aumentaban mi jaqueca con su bulliciosa conversación. Todo el mundo se retiró y diez minutos después, regresó Althaus. -Florita, no sé qué hacer. ¿Por cuál de esos tres bri– bones de presidentes debo tomar partido? -Primo, no tiene usted para elegir. Si aqui se re– conoce a Orbegoso, es preciso marcbar balo el estandarte y el gobierno de Nieto. - -Es eso justamente lo que me hace rabiar. Ese Nieto es un asno, presuntuoso como todos los necios y se de- _ jará gobernar por ese abogadillo Valdivia; mientras en el lado de Bermúdez hay algunos soldados con quienes podrla marchar. -Sea, pero Bermúdez está en el Cusco y usted está en Arequipa. Si se niega a ir con estos, van a destituirlo, a exigirle rescate y vejarlo en todo. -Eso es lo que temo. ¿Qué piensa don Plo de la duración de este gobierno? No le digo nada, porque m~
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