Peregrinaciones de una paria

PEREGRINACIONES DE UNA PARIA 139 a caballo, acompafiada de mi querido primo Manuel, de Althaus, del bueno de M. Viollier, mis tres íntimos y se– guida de una multitud de otras personas, las cuales ve– nían más bien para satisfacer su curiosidad y no por :int erés por mi o atención hacia don Pio de Tristán. Nos dirigimos a la hermosa casa de campo que mi tío llama simplemente su chacra (1). Está situada a legua y media. de la ciudad. Cuando nos acercamos, Manuel y Althaus · se adelantaron para anunciarme. Poco después, vi a ·un caballero que venia a toda velocidad. Exclamé: ¡mi tío!' Lancé mi caballo y -en un instante me encontré a su llado. Lo que senti entonces, no podría expresarlo sino imperfectamente con el lenguaje. Tomé su mano y apre– tándola con cariño, le dije: -¡Oh, tío! ¡Qué necesidad' tengo de su cariño... -¡Hija 'mia!, lo tiene por com– pleto. La quiero como a mi hija. Usted es mi hermana, pues, su padre me sirvió de padre. ¡ A'h, mi querida so– brina!, qué feliz soy de verla, de contemplar las faccio– nes que me recuerdan tan fielmente las de mi pobre hermano. Es él, él, mi hermano, mi querido Mariano, en !la persona de Florita. Me atrajo hacia él, incliné mí ca– beza sobre su pecho, con riesgo de caer del caballo Y: permaneci asi mucho tiempo. Me levanté bafiada en lágrimas ¿eran de alegria, de dolor o de recuerdo? No !o sé... Mis emociones fueron demasiado vivas y dema– siado confusas para poder precisar la causa. Esos seña.. res nos habían alcanzado. Enjugué mis lágrimas, logré recuperar mi calma y fui por delante con mi tio sin hablar. Al entrar al patio, mi tia, que es también mi prima, porque es hermana de Manuela, vino donde mí, me cogió graciosamente, pero en el fondo de ella adlvln§ una gran sequedad de alma. Abracé a sus hijos: tres mujeres y un varón. Los cuatro me parecieron muy fríos. En cuanto á mi prima Manuela, no fué lo mismo. se {1) En el Perú• s.e emplea esta · palabra para .designar un~ casa de campo.

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