Peregrinaciones de una paria

138 FLORA TRISTAN años. Su fisico es el de un alemán, rubio, grueso y fuerte; es un hombre cuadrado, infatigable, puntual en todos sus deberes y de una gran lealtad en todas sus relaciones. Althaus evitaba con cuidado hablarme del motivo de mi viaje y soóre este punto descansaba sobre don Pío, quien, por resultado de una larga costumbre, trataba de todos- los negocios de la familia. Mi tio había administrado, durante cuarenta años, la fortuna de mi abuela y a raí:?J ·de la rendición de cuentas y de los arreglos de la suce– sión, Althaus, militar franco, poco versado en materia. de intereses, y teniendo que hacer frente a un hombre ele la fuerza de mi tío, no obtuvo la mejor parte. Fué perjudicado en todo. Se quejaba, entre otras cosas, de que todas las buenas tierras de Camaná, se encontraran ·dentro del lote de mi tío, mientras las malas habían sido dejadas en las ·partes de Manuela y de la hija de m1 prima Carmen. De Camaná, mi tio habia ido a . Islay para tomar baños de mar. Me pareció evidente que afectaba demos– trar que no me temía, al diferir con diversos pretextos su regreso a Arequipa. Desde hacia tres meses, vivía en su casa y lo esperaba. Por fin, me anunció su salida do !Islay y me invitó a venir a su encuentro, si eso me con– ~enía, hasta su casa de campo, donde pensaba de– tenerse. Iba, pues, a ver a este tío sobre quien se cifraban ahora toaas mis esperanzas, al hombre que debía todo a mi padre, su educación, su ascenso y, en consecuencia, sus éxitos en el mundo. ¿Qué acogida iba a hacerme? iQué sensación experimentaría a su vista? A este pensa• miento ml corazón latia con violencia. En m1 juventud babia yo querido tanto a este tío, a quien mi imagina• ción me representaba como un segundo padre, había sufrido tanto cuando ml madre me había dicho: ''Tu tío te ha abandonado" que no pensaba jamás en él sin sen– tir la más viva emoción. El 3 de enero, hacia las cuatro de la tarde, monté

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