Peregrinaciones de una paria
128 FLORA TRISTAN tratos (la llama no es jamás atada o entrabada) se echa en tierra, dirige sus miradas al cielo, gruesas lágrimas caen en abundancia de sus hermosos ojos, se escapan suspiros de su pecho y expira en el espacio de media. hora o a lo más en tres cuartos de hora. ¡ Felices cria– turas! Parecen no haber aceptado la vida sino bajo la. condición de que esta fuera dulce. como esos animales ofrecen el único medio de· co• municación con los indios de las montañas, son de una gran importancia comercial. Pero estaría uno tentado de creer que la reverencia casi supersticiosa de que son obje• to, no· proviene únicamente del sentimiento de su utili– dad. He visto- a veces a treinta o cuarenta interceptar el paso en una de las calles más frecuentadas de la. .ciudad; los transeuntes, llegados ·cerca de ellos los · con– templaban con timidez y volvían atrás. Un día entró una veintena de ellos en el patio de nuestra casa, y permanecie– ron seis horas. El indio se desesperaba y nuestros esclavos no podían hacer su servicio; pero no importa, se soportó la. Incomodidad causada por estos animales, sin que nadie · pensara solamente en dirigirles una mirada de disgusto. Por fin, los mJsmos niños, que no respetan nada, no osan tocar a las llamas. Cuando los indios quieren cargarlas, dos de ellos se aproximan al animal, lo acarician y le cubren la cabeza, a ·fin de que no vea que se le pone un fardo sobre el lomo; si lo percibiera, caería muerta. Es nece– sario proceder de igual modo al descargarlas. Si el fardo excede cierto peso, el animal se arroja inmediatamente al suelo y muere. Esos animales son de una gran sobrie– dad; un puñado de maiz basta para hacerlos vivir tres o cuatro dias. Son con todo muy fuertes, trepan las montañas con mucha agilidad, soport.an el frío, la nieve y toda especie de fatigas. viven mucho tiempo. Un in– dio me afirmó tener una de treinta y cuatro años. Nin– gún otro hombre sino el Indio de las Cordilleras tendría bastante paciencia y dulzura para utilizar las llamas. Es sin duda de este extraordinario compañero dado por la Providencia al indígena del Perú, que éste ha aprendido
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