Peregrinaciones de una paria

PEREGRINACIONES DE UNA PARIA 117 frescos. Lo mismo sucede con 1a truta y él pescado, que vienen desde la costa; el aceite que se usa es rancio, mal .purificado; el azúcar groseramente refinado; el pan mal hecho; en definitiva, nada es bueno. Voy a decir cual es su modo de alimentarse. Se desayuna a las nueve de la mañana; esa comida se compone de auoz con cebollas (cocidas o crudas, ponen tebollas en todo), carnero asado, pero tan mal hecho ~ue nunca se puede comer; en seguida viene el choco– :late. A las tres se sirve una olla podrida (puchero es el nombre que se lé da en el Perú), éste se compone de 'lma mezcla confusa de diversos alimentos: carne de va– ca, tocino, carnero, hervidos con arroz, siete u ocho espe– cies de legumbres y todas las frutas que les caen a la mano, como manzanas, peras, melocotones, ciruelas, uvas, etc. Un concierto de voces falsas, de instrumentos dis• ~ordantes, no sublevan la vi,t<'. el olfato y el gusto, co– .mo lo hace esta bárbara amalgama. Vienen después ca– tnarones, preparados con tomates, arroz, cebollas crud~ ~ ají; carne con uvas, duraznos y azúcar; pescado con 11,ji; ensalada con cebollas crudas; huevos con aji. Este filtimo ingrediente se emplea con profusión Junto con 11na cantidad de otras especerías, en todos sus guisos. ,-a boca queda cauterizada y para soportarlo, el paladar debe haber perdido su sensibllidad. Ei agua es la bebida ordinaria. La comida se hace a las ocho de la noche: los guisos son de la misma especie que los del almuE-rzo. Las conveniencias en el servicio y los usos de la me. ea, no se practican mejor que las armonías culinarias. ;Aun hoy, en muchas casas, no hay sino un vaso para !todos los convidados. Los platos y cubiertos están su. 'tios. La suciedad de los esc.Iavos no es la única causa tie ello: para tales amos, tales criados. Los esclavos de los ingleses son muy limpios. Es de buen tono hacer pa– Bar en el extremo del tenedor, un pedazo tomado de BU plato, a las personas a quienes se quiere hacer una eortesfa. Los europeos se han rebelado de tal modo contra esta costumbre, que abora cae en desuso; pero no hace

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