Peregrinaciones de una paria
PEREGRINACIONES DE UNA PARIA 103 de mi para siempre. Le conocía íntegro y de ·una rigu– rosa probidad, concebí el pensamiento de atacarlo sobre ese punto. ¡Ah! Necesité de la ayuda de Díos en la pro– secución de un proyecto cuya ejecución ultrapasaba to– da la fuerza humana. Al emprender la tarea de hacer renunciar a Chabrié a su amor, corría el riesgo de perder también su estimación, su estimación y su amor que des– de hacía ocho meses, habían sido los únicos y dulce; con– suelos de mi alma. ¡Pues bien! ¡Tuve ese valor! Dios só– lo ha comprendido la extensión de mi sacrificio. El jueves por la tarde, Chabri"é llegó a casa con apu– ro. Le había prometido la víspera darle una respuesta definitiva al día siguiente. -¿Cuál es, pues, su determinación?-me dijo, al en– trar, con la expresiva emoción de un hombre impacien– te por conocer su suerte . -Aquí está, señor Chabrié, mi determinación: s1 us– t 0d me ama tanto como me lo asegura, deme la prueba. , y sírvame como se lo voy a indicar. Usted sabe que mi partida de bautismo no basta para hacerme reconocer como hija legítima; necesito otro acto que compruebe el matrimonio de mi madre con mi padre. Si no lo puedo presentar, no debo contar ni con un peso,- mi tio no m~ dará nada. Pues bien, us~ed puede darme un mi– llón. Encárguese de hacerme hacer una partida de matri– monio por algún viejo misionero de California. Se le pon– drá fecha anterior y por cien pesos tendremos un mi– llón . . Tal es, Chabrié, la condición de la que hago depen– der mi amor y mi mano . El desgraciado quedó anonadado, con el codo apoya– do sobre la mesa, me contemplaba sin hablar y comd un hombre inocente a quien una funesta sentencia aca– ba de condenar a muerte. Me paseaba de largo a largG Y evitaba encontrar su mirada, sufriendo mil muertes por el dolor atroz que causaba a un hombre a quien amaba con el :..nás tierno afecto. Al fin me dijo con el acento de una profunda indignación:
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