54 —¿Quién lo ha visto? —preguntó el profesor a Fariña. —¡Todos, señor! Paco Yunque también lo ha visto. —¿Es verdad lo que dice Paco Fariña? —le preguntó el profesor a Yunque. Paco Yunque miró a Humberto Grieve y no se atrevió a responder, porque si decía que sí, el niño Humberto le pegaría a la salida. Yunque no dijo nada y bajó cabeza. Fariña dijo: —Yunque no dice nada, señor, porque Humberto Grieve le pega, porque es su muchacho y vive en su casa. El profesor preguntó a los otros alumnos: —¿Quién otro ha visto lo que dice Fariña? —¡Yo, señor! ¡Yo, señor! ¡Yo, señor! El profesor volvió a preguntar a Grieve: —¿Entonces, es cierto, Grieve, que le ha pegado usted a Fariña? —¡No, señor! Yo no le he pegado. —Cuidado con mentir, Grieve. ¡Un niño decente como usted, no debe mentir! —No, señor. Yo no le he pegado. —Bueno. Yo creo en lo que dice usted. Yo sé que usted no miente nunca. Bueno. Pero tenga usted mucho cuidado en adelante. El profesor se puso a pasear, pensativo, y todos los alumnos seguían circunspectos y derechos en sus bancos. Paco Fariña gruñía a media voz y como queriendo llorar: —No le castigan, porque su papá es rico. Le voy a decir a mi mamá. El profesor le oyó y se plantó enojado delante de Fariña y le dijo en alta voz: —¿Qué está usted diciendo? Humberto Grieve es un buen alumno. No miente nunca. No molesta a nadie. Por eso no le castigo. Aquí, todos los niños son iguales, los hijos de ricos y los hijos de pobres.
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