Nuevas voces literarias

58 Poetas y narradores de la Biblioteca Nacional del Perú Seguía sin creer lo que me contaba. No podía dejar Madrid; estaban mis estudios y, también, mi búsqueda desesperada de Raquel. No podía irme sin saber qué había pasado con ella. —Lo siento, Lya, pero no puedo dejar Madrid. Tengo que saber qué pasó con Raquel. —¡Roberto, escucha bien! —gritó—. ¡Raquel pertenece a esa élite global! No sé qué pasó entre ella y tú, pero lo único que puedo decirte es que Raquel pertenece al grupo Bilderberg, y su misión es acabar contigo. No supimos qué le pasó a Raquel después del atentado de Atocha, pero nuestras fuentes nos informan que el grupo Bilderberg, al que ella pertenece, es el verdadero responsable del atentado. Por eso te repito: tienes que salir de Madrid y regresar a la Biblioteca Nacional del Perú para que lideres el renacimiento de nuestra Orden en Lima. —¡Qué dices, Lya! Raquel nunca me haría daño, nos amamos… ¿Por qué me haces esto? —Roberto, tengo que irme. Por favor, cuídate mucho, te quiero demasiado. Lya se acercó a mí, me besó en los labios y se alejó. Me quedé en la banca pensando en todo lo que me había contado. Muchas cosas tenían sentido, pero no podía creer lo que me contó de Raquel. ¡Ella nunca me haría daño! Tomé el tren y regresé a Noviciado en dirección a mi casa. Cuando llegué al departamento, abrí la puerta y me senté en el mueble de la sala. No dejaba de pensar en que no podía abandonar Madrid. De pronto sonó la puerta y, al abrirla, estaba ella: Raquel. Fue tan fuerte mi impresión que no pude articular ninguna frase. Raquel no había muerto, estaba ahí, delante de mí, y debía permanecer conmigo para siempre. —Hola, Roberto. —Hola, mi amor —respondí, y por mi rostro caían unas lágrimas de alegría y esperanza—. Te he estado esperando todo este tiempo.

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