Nuevas voces literarias

59 Nuevas voces literarias Mirándome fijamente, Raquel metió la mano al bolsillo y sacó un arma. En instantes, y sin decir una palabra, me apuntó directamente con ella. El intenso sonido que salió de la boca del cañón me hizo caer al piso. —Lo siento, Roberto, pero tienes que morir. Escuché la puerta cerrarse. No podía moverme. Por mi cabeza pasaron los días con Raquel. Madrid. Barcelona. Las calles, los cafés, los paseos. Después, la oscuridad. Hasta que apareció, como una última imagen, el cuadro de El Bosco, El jardín de las delicias.

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