Nuevas voces literarias

56 Poetas y narradores de la Biblioteca Nacional del Perú durante todo el trayecto solo nos miramos muy tiernamente. Me daba gusto verla, quería contarle muchas cosas: lo tanto que la extrañaba, la muerte de Raquel y todo el proceso de duelo que estaba pasando. Salimos y caminamos al parque del Oeste, situado entre la carretera de La Coruña, la Ciudad Universitaria y el distrito de Moncloa, y recorriendo sus instalaciones encontramos el lugar preciso. —Roberto, te quieren hacer daño —me dijo. —¿Qué dices, Lya? ¿Te volviste loca? ¡¿Por qué me dices eso?! —Toma asiento, Roberto, y, por favor, déjame que te cuente todo. No me interrumpas, que no tengo mucho tiempo. —¡¿Qué te pasa, Lya?! Me estás asustando. No comprendía la actitud de Lyaksandra. Estaba muy nerviosa, como si fuera el último día de su vida. —Roberto, escucha atentamente. No debí acercarme a ti, pero lo hago porque no quiero que te hagan daño. Quise interrumpirla, pero vi la angustia en su rostro, así que la dejé continuar. —Tu llegada a Madrid tuvo un motivo especial. Aparte de los estudios que ibas a realizar en la Complutense, querían que estuvieras en Europa para mantenerte vigilado. Eres descendiente directo de una orden de masones a nivel mundial. Tu abuelo y diez masones fundaron en la ciudad de Lima La Orden de Conocimientos Protectores de la Luz de Lave, orden que juró proteger el conocimiento del viejo continente en el nuevo mundo. Esta orden se encuentra en varios rincones del orbe; aquí, en España, se encuentra en el Museo del Prado. También se encuentra en la Capilla Sansevero, en Nápoles; en el Museo Nacional de Arte de Ucrania; en el Museo de Arte e Historia de Ginebra, en Suiza; y en Berlín,

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