Nuevas voces literarias

53 Nuevas voces literarias Las palpitaciones de mi corazón eran indescriptibles; cada paso que daba en la habitación se volvía interminable. Estaba nervioso y no podía relajarme. Fue entonces cuando decidí ir hasta la CaixaForum para ubicar a Raquel o, al menos, saber si estaba bien. Al llegar al lugar, nadie sabía nada de ella; de hecho, me dijeron que no había llegado a trabajar. Todo el mundo estaba en shock o llorando. En medio de la conmoción, escuché que alguien comentó que una compañera de trabajo venía en el tren de cercanías. Inmediatamente salí corriendo del lugar y me dirigí a la estación de Atocha. Tenía la intuición de que estaba viva, que a lo sumo tendría una herida. Tenía que encontrarla. Mientras corría hacia el lugar, otra explosión exasperó aún más los ánimos de las personas. Yo corría entre gritos, escombros y heridos. Madrid era un caos. Las horas pasaban y no había noticias de Raquel. Por recomendación de un policía, me dirigí al Hospital Gregorio Marañón, el más cercano a la explosión, donde tampoco la ubiqué. Desesperado, recorrí todos los centros sanitarios de Madrid sin ninguna respuesta. Comencé a pensar lo peor; por eso recorrí las morgues de Madrid y, otra vez, mi búsqueda no tuvo resultado. *** Los días pasaron y no tenía noticias. Nuevamente sentí que la tierra se la había tragado. El proceso de duelo y de incertidumbre comenzó paulatinamente en mi vida. Empecé a recordar los buenos momentos que tuve con Raquel y lo importante que fue amarnos tanto en tan poco tiempo. El duelo dio paso a la aceptación y decidí concentrar mi atención en los estudios, porque mis calificaciones habían bajado y mi beca corría peligro. Ya habían pasado cuatro meses del atentado cuando, una

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx