47 Nuevas voces literarias soy madrileña, salida de un barrio marginal de la ciudad. —Pues me recuerdas a Teresa, porque no eres como la chica madrileña que conozco, Raquel. Al contrario, pareces retratada por algún escritor que no llegó a terminar su novela y te mantuvo siempre en su mente. Mientras le decía todo eso, en mi mente solo podía pensar en lo hermosa que era. —Gracias por el cumplido, Roberto —respondió. Tras mirar su reloj, dijo lo que me temía—: Tengo que irme, pero espero verte pronto, Roberto. Me gustó mucho conversar contigo. Me quedé detenido ahí, viendo cómo se perdía entre la gente que ya comenzaba a circular por Noviciado. *** Hace casi nueve meses que había llegado a Madrid por una beca de la Fundación Carolina para estudiar en la Facultad de Ciencias de la Documentación de la Universidad Complutense. Estuve todo el invierno muy pendiente de los cursos de la universidad y tenía poco tiempo para mi vida personal. Pasaron los días y no volví a cruzarme con Raquel. A pesar de que, según me dijo, vivíamos a solo dos cuadras de distancia. No había rastro de ella, era como si la tierra se la hubiera devorado. El único cariño lo tuve en el cybercafé del barrio La Latina, donde conocí a Lyaksandra, quien me entretenía contándome leyendas de sus ancestros ucranianos. El verano había pasado así, las clases ya habían comenzado y Lyaksandra se había convertido en mi mejor amiga, y pasábamos juntos mucho tiempo en casa. Hasta que una noche llegó al
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