140 Poetas y narradores de la Biblioteca Nacional del Perú un sorbo del ron, que escupe como una nube por sobre los objetos que luego entierra bajo la arena. Se levanta para irse, cuando tiene una visión de gran realismo. Cerca del lugar donde está, hay enormes vehículos, buses repletos de visitantes. Curiosos con cámaras fotográficas, pantalones cortos, ropa colorida, personas uniformadas y caminos señalizados lo rodean. Pese a su ceguera, ve aquellas montañas rocosas, transformadas en pirámides imponentes con terrazas circulares y caminos ceremoniales. Entonces una voz en el viento pronuncia una frase incomprensible. —La Ciudad Sagrada de Caral —dice la voz lejana, mientras una golondrina parece reírse en el cielo y Yancunta cree sentir a alguien parado detrás de él. —¡Todavía no! —responde secamente el brujo, y enfurecido golpea la arena con un pie. Al contacto de su sandalia, un impetuoso remolino de aire se levanta llevando tras de sí una espiral de arena, que se disipa al instante. —El remolino es el símbolo de Caral —dice la voz ajena, apenas audible a los oídos de Yancunta y entonces sus frases vuelven a hacerse confusas hasta desaparecer. El anciano sabe que el remolino es la manera en que los espíritus se manifiestan en la costa peruana. Se levantan repentinamente y desaparecen en apenas unos segundos. Entonces las bestias se encabritan, la gente les teme. Es con ellos que las señoras se persignan y los hombres, fingiendo fortaleza, hacen oraciones mentales para aplacar a las fuerzas del más allá; pero él no teme, jamás temió. Sonríe, escucha las golondrinas revoloteando en el cielo, mientras aquella voz en el viento susurra algo sobre la antigüedad de Egipto y el Medio Oriente Fértil. “Cultura matriz”, añade la voz.
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