Narraciones de la Amazonía

78 una hermosa hija, Kaamaa. La muchacha no solo era físicamente bella; sino la naturaleza le había dotado de cualidades y virtudes excepcionales, maravillosas. Cuando lloraba por la muerte de algún habitante del bosque, sus lágrimas se convertían en arroyos. Muchos de los arroyos de aguas limpias, saladas y frías que existen hasta ahora se formaron de sus lágrimas. Cuando reía, con una risa musical y feliz, estallaban las semillas del cedro y la caoba y su risa contribuía a esparcir semillas por el bosque y, por lo tanto, se multiplicaba y enriquecía la flora: el bosque. Tumsh no solo pretendía el imperio del general Kano. Su mayor interés era conquistar a Kaamaa. Había jurado no cejar un instante de su vida hasta no conseguir sus propósitos. Varias desgracias ocurridas en el imperio de Kano ayudaron a los siniestros designios de Tumsh. Un terremoto, ocasionado por la caída de un aerolito en la Tierra, dejó en escombros buena parte del imperio de Kano. Una poderosa mujer que quiso casarse con él ―Kano era viudo―, a quien él había rechazado por sus pretensiones matrimoniales, convirtió a sus soldados, con la ayuda de un chamán malvado, en pájaros, a los que condenó a vivir en la oscuridad de la cueva, donde enceguecieron por falta de luz. Las plumas que se esparcen por los suelos, cuando ellos se desintegran al chocarse con las rocas, son las armas de los soldados. Sin defensas el imperio, en una rápida y profunda ofensiva, Tumsh liquidó lo que quedaba de él, tomó prisionero al general Kano y ordenó la ejecución inmediata de este. El camino estaba allanado para apoderarse de Kaamaa, que había huido a las montañas al enterarse de la ejecución de su padre. Los dioses de los bosques, entonces, decidieron impedir que Tumsh se saliera con la suya, conquistando con la fuerza y la violencia a Kaamaa. Cuando Tumsh y sus soldados estuvieron a punto de llegar al escondite de Kaamaa, aquéllos provocaron un incendio de plantas y minerales venenosos en la cueva. Los humos venenosos mataron a Tumsh y a sus hombres. Las cenizas malolientes de la cueva son las cenizas de Tumsh y sus acompañantes. La bella durmiente

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