pudo ocurrir un cataclismo que derrumbó los muros y edificios de la ciudad o, posiblemente, que dos pueblos y sus ejércitos lucharon hasta que ambos se extinguieron. No hubo triunfadores; solo derrotados. Conforme pasa el tiempo y examino los gestos de sus pequeñas manos y observo el movimiento de sus labios, entiendo con más claridad y precisión su voz inaudible. En un momento determinado, su voz me suena nítida, sonora, como la voz de un tenor en un escenario. Es el momento en que me transmite el misterio de de la Bella Durmiente. Dos ejércitos se disputaban la supremacía y el control de una vasta región que abarcaba todo el curso del Huallaga y las fronteras del Ucayali, el Apu Paru. Uno de los ejércitos estaba jefaturado por el poderoso y cruel general Tumsh. El otro, por el magnánimo y generoso general Kano. Este último tenía La bella durmiente
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